Día 48, desde los Andes, lejos de la costa

Pablo Paño
Cuenca, 1 de Maio de 2020

Día 48 de confinamiento. Tres guambras de no más de 15 años pasan en un carrito vendiendo verduras por la puerta de mi casa. Con los mismos guantes y mascarillas que usan hace días, me surten de mucho de lo que necesito. Y es que desde hace como 25 días ya muchas de las personas de los sectores informales están en plena actividad. Otros no pararon nunca.

Ecuador tiene aproximadamente un 60% de población en el trabajo informal, en la economía popular y solidaria, en las sobrevivencias cotidianas que ahora la COVID-19 ha dejado al descubierto y agudizado crudamente. Las desigualdades quedan desinhibidamente al desnudo: lxs estudiantes que ahora nos alarma que no tienen computadora y/o internet para seguir los cursos por vía telemática…. tampoco los tenían a principios del curso antes de que existiera la pandemia… La exención de impuestos del gobierno a las grandes empresas del país, tal cual la ha impuesto a todo el resto de la ciudadanía y emprendimientos en estos días, también estaba instalada desde antes aunque ahora se haga más descaradamente evidente.

Hace ya más de 5 años que vivo en Ecuador. En Cuenca concretamente; bonita ciudad andina en las faldas del páramo a 2.500 metros de altura cruzada por 4 ríos. Un país plurinacional como afirma su flamante Constitución (de las más avanzadas del mundo en el papel con el reconocimiento de los Derechos de la Naturaleza o el Buen Vivir) reflejo de su importante diversidad étnico-cultural. Poca conexión entre la costa, la sierra y la Amazonía los tres países que, como afirma más de uno, componen el país global. Muy reconocido en los últimos 15 años por su líder político Rafael Correa y las iniciativas en el marco de los denominados gobiernos progresistas, el país recibe este trastorno global en horas bajas. Baja su economía primario-exportadora dolarizada, baja su autoestima tras una década de bonanza traducidas en aumentos del consumo, bajo el perfil de su gobierno que se aleja de sus mayorías…. Todavía adaptándome a sus lógicas y funcionamientos la experiencia límite de una pandemia aguda y confinamiento tan largo, toman características muy especiales aquí.

Las medidas ante la pandemia fueron las más rápidas y drásticas de todo el continente. Primero en declarar la alarma y confinamiento, y poco después toque de queda desde las 14hs, no salida los fines de semana, restricción a la circulación de vehículos según la patente…. A los pocos días de la crisis, dimitió la ministra de salud; aducía que sin recursos desde el Estado era imposible afrontar una crisis que ya se dibujaba muy cruda. Sin embargo, no mucho más. Pareciera que en las medidas de orden se acababa el plan del gobierno. Ni recursos extras para la debilitada salud pública (35% de recorte de su presupuesto por este mismo gobierno) ni apoyo a los sectores más necesitados ni planes para los productores, pequeños y medianos empresarios. 12.000 enfermer@s, 400 médicos cubanos devueltos… cifras todas que se traducen en desprotección, sufrimiento y víctimas. Ya, camino de los dos meses, se comienza a hacer angustiosa la falta de directrices por parte del gobierno cuando el nuevo escenario ya golpea las puertas de cada casa con incertidumbres varias: la convivencial, la económica, la laboral, la sanitaria, la pública, la social… ¿Cómo se sale de aquí? ¿cuánto cambiará nuestra realidad? ¿cuánto podríamos aprovechar este contexto para instalar cambios que mejoren lo que teníamos naturalizado?

Cuando en medio de una pandemia global todavía sin control las informaciones que llegan resultan tan inquietantes respecto al futuro del país (precio de petróleo en negativo jamás alcanzado en la historia, principal producto de exportación de Ecuador), economía dolarizada que no da margen de gestión nacional de la macroeconomía, desdolarización, desempleo y empobrecimiento drástico de miles y miles de familias… se hacen inevitables las reflexiones existenciales. La amenaza de un recrudecimiento de las medidas neoliberales en marcos de desmantelamiento de lo estatal, ejerce de amenaza fuerte y te deja cara a cara con la incertidumbre. Tal cual nos demuestra lo frágil y superfluo del sistema existente, nos conecta con la posibilidad de cuestionar lo normalizado y construir alternativas.

Se trata tras Brasil del país más afectado por la pandemia. Eso sí, pero con aproximadamente 17 millones de habitantes, no más de 200. ¿Las razones? Una central. Los muchos viajes de los migrantes que van y vienen a EEUU, España e Italia principalmente. Una parte central de la dolarizada economía ecuatoriana la garantizan sus remesas, las mismas que ahora decaen sustancialmente porque ellos están siendo víctimas preferentes del virus también en New York y otras ciudades norteamericanas; también del desempleo. Sus familias lo acusan y el propio país que también por ahí siente como se reduce el dinero circulante. Perversas conexiones de un país dolarizado con una tasa muy alta de migrantes en EEUU y que sin su trabajo y aporte, contribuyen a la amenaza que significa la desdolarización del país.

Alberto Acosta, economista principal del país señalaba la semana pasada que Ecuador estaba en la UCI sin respirador. La dolarización marca esa dinámica que quita margen de maniobra. Una ola intermitente corre por las redes sociales en oposición al pago de los intereses de la deuda recién contraída por el gobierno al FMI y que pretende pagar obedientemente. Ello ya movilizó al país el pasado octubre paralizándolo. El actual gobierno ya había mostrado formas: no solo contrajo la deuda y comprometió al país en ello sino que asumió las directrices del prestamista de tomar medidas inmediatas contra, por ejemplo, el subsidio a la gasolina que existía hace más de 40 años y que garantizaba gran parte de la posibilidad económica y laboral de las mayorías del país. Hizo falta más de 20 días de movilizaciones, víctimas mortales y la fuerza de su movimiento indígena como líder y aglutinador social, para que el gobierno lo retirara. Hoy en tiempos de pandemia el gobierno parece vivirlo como oportunidad para imponerlo, tal cual el agudo recorte que ha impuesto a los salarios y demás de todo el sector público.

Mitad tópico pero con una parte real en su expresión social, las sociedades andinas tienen una cara de mezcla de laboriosidad, familiaridad, baja expresividad notoria para quienes venimos de otras latitudes. Desde Los Andes se observa y teme el curso descontrolado de la pandemia en Guayaquil; tal cual a lo largo de su historia los comportamientos y los acontecimientos no coinciden. La costa profundamente afectada por el virus y cuestionada por la negligencia de sus autoridades contrasta con la sierra y Cuenca en particular, que vuelve a comprobar mayores capacidades de autogestión y auto-organización.

Tengo el privilegio de ser profesor de la universidad pública de la ciudad…. Se ha logrado improvisadamente levantar la alternativa al curso que fue sorprendido por la pandemia en su primera semana de clases. Caóticamente se están dando respuestas y hemos ido observando la realidad de los estudiantes. Algunos no pueden seguir las clases virtuales porque no tienen conexión a internet o computador, o lo deben compartir entre papás que teletrabajan y hemanxs que también estudian….otros se las ingenian para seguirlas por celular e incluso hacer trabajos a través de ellos! Otros ya están directamente implicados en aportar a la subsistencia de sus familias. Las consecuencias ya están aquí y ahora toca evaluar su calado y, sobre todo, el grado de resistencia a ellas.

Una reflexión me asalta respecto a sensaciones personales. Aunque Ecuador es el 4º país en el que vivo y eso demuestra algo de mi capacidad de adaptación que a la vez confirma mi condición de apátrida, siempre recalar en una sociedad y cultura nueva, requiere esfuerzos importantes. Que una situación límite como esta pandemia te halle lejos de tus amigos o familiares es una de las pruebas de fondo. En las primeras semanas salir corriendo ha sido uno de los pensamientos irrealizables de personas de mi entorno, mientras a mí me creaba confusos sentimientos encontrados. Con el paso de los días y la crudeza con que se han presentado los acontecimientos y la pospandemia, las sensaciones han ido tomando otro cariz… Por circunstancias, pero siempre por mi voluntad, yo recalé en esta tierra que, por lo demás, me dio oportunidades de ganarme la vida, de descubrirla…. Así, compruebo que ahora la profundidad de sus posibles consecuencias parecieran vincularme más a ella y no lo contrario. Y es que no es lo mismo vivirla como una opción bajo circunstancias de relativo confort que hacerlo en escenarios límite donde implicarse se hace necesario porque l@s otr@s con los que, de una u otra manera convives, están en ello.

Otros días la compra de mi comida ha llegado por canastas agroecológicas que me han traído a casa. Una red importante de economía social cubre la zona y plantea alternativas. No todos las pueden pagar, pero ya se han reorganizado para comenzar a abastecer a las casas. Con el paso de los días, de la parálisis y el bloqueo que supone la idea del contagio… se va pasando a la reacción. La pandemia sanitaria está aquí, pero ya claman también la económica, la gubernamental, la extractivista que a nivel minero no se ha detenido alentada por el gobierno (y dejó concesionado el anterior). La ciudadanía en diversas expresiones ha comenzado a reaccionar. Ante la desprotección del mercado (¿no era que iba a gestionar cualquier escenario social según afirman los neoliberales?) y la ausencia del estado social optada por este gobierno, queda solo la ciudadanía como tercer sector que reacciona. Tal cual la gente en Guayaquil tuvo que enterrar a sus muertos (e incluso quemarlos para evitar el contagio en una de las imágenes más cruentas de la pandemia a nivel global), u organizar los estudios de los hijos o el teletrabajo, ahora se hace primordial organizar las economías domésticas… también las locales, las campesinas, la sustantiva como nos enseñó Polanyi. Las solidaridades comienzan a tomar forma…

En mi propio entorno se materializa en cómo apoyar a un orfanato al que el gobierno le suspendió el presupuesto; por cómo apadrinar por parte de profesores a estudiantes en dificultades económicas; en facilitarles computadores que no estemos utilizando; en apoyar a la red agroecológica de la ciudad en su asertiva carta de propuestas y exigencia a las autoridades para evitar una crisis alimentaria; en organizar colaborativamente estrategias concretas de economía social y solidaria para sortear la desdolarización (monedas alternativas, trueques, mingas, producción de semillas, empresas quebradas asumidas por sus trabajadores, etc. etc.), en crear, promovida por una cooperativa de ahorro y finanzas populares ejemplar, una propuesta desde algunos de sus soci@s que pueda responder desde la economía social a los nuevos escenarios respecto al trabajo, la producción, la distribución; en denunciar mediante redes y foros desde colectivos ecologistas, la postura del gobierno de optar por acelerar la megaminería en plena pandemia aduciendo que eso constituye el nuevo paradigma y que se enfrentará abiertamente a quien se oponga; en organizar foros múltiples que nos ayuden a dialogar para entender y a construir respuestas colectivas ante este drama que, sin embargo, dibuja que también puede tener una cara de oportunidad….

Hoy es día internacional de los trabajadores. Hoy confinados y una parte teletrabajadores, toca reinventarse un poco para conectar esos logros con este contexto extraordinario de pandemia que puede ser aprovechado para agudizar la precariedad en el sentido extendido. A la vez en la provincia ya se ha lanzado desde una plataforma de asociaciones diversas la carta abierta para prevenir la crisis alimentaria; se exige la voluntad política plantar semillas fértiles (no las de Monsanto), prácticas de comercio justo, reconocimiento de la economía (tan femenina) de cuidados, organizar redes de productores y consumidores, priorizar la seguridad y soberanía alimentaria de este pueblo rico, garantizar la agroecología, impedir el extractivismo minero en el páramo andino… Miles de personas la están firmando…

Tras más de 50 días de constatar nuestra fragilidad y, sobre todo, la de las estructuras instaladas, confirmo que teníamos naturalizadas muchas cosas que tenían poco de naturales; desde ahí escojo una premisa y sensación final que quiero y que me trabajo para que me presida hacia adelante: la de esperanza de que nos reincorporemos a la actividad con algunos aprendizajes, algunos cambios desde lo personal y cotidiano hacia lo local y colectivo, con ciertas claridades de cómo hacerlo de otra manera en algún o muchos sentidos….

Cuenca, Ecuador, 1º mayo 2020, bajo confinamiento
Pablo Paño Yáñez